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Hola, soy Pepa, tu guía personal, y junto a MyWoWo te damos la bienvenida a una de las maravillas del mundo: el High Line.

El High Line, gracias a un genial proyecto de recalificación urbana, se ha convertido en la línea ferroviaria en desuso más famosa de los Estados Unidos.

Empecemos por los orígenes, a principios del siglo XX, cuando esta parte de Manhattan cercana a Chelsea y, sobre todo, al Meatpacking District («distrito de los mataderos»), estaba tan industrializada como deprimida. Además, por si fuera poco, el transporte por tierra de la mercancía era complicado y también muy peligroso, sobre todo para los peatones, que a menudo fueron víctimas de dramáticos «baches en el camino». Por tanto, para poner fin a dichos problemas, en 1934 se inauguró la West Side Line, una línea ferroviaria elevada que, a pesar del éxito inicial, unos cincuenta años más tarde quedó abandonada a su suerte hasta que se desmanteló, tal y como habían pedido en repetidas ocasiones los nuevos residentes de la zona. Sin embargo, gracias a la tenacidad de los fundadores de la organización Friends of High Line, el «patito feo industrial» se salvó de una muerte segura y se transformó en un espléndido «cisne ecológico», bajo la forma de un espectacular parque lineal.

Puedes ver el impresionante resultado ante tus ojos, o mejor dicho, bajo tus pies; se trata de un camino peatonal que discurre en paralelo a las antiguas vías del tren, ahora cubiertas de hierba, flores y plantas de distintas especies y colores, que atraviesa los barrios que, tiempo atrás, no gozaban de muy buena reputación y que, ahora, gracias a esa mejora urbanística, se ha convertido en una famosa zona de moda.

Este recorrido natural «elevado», cuyo primer tramo, entre Gansevoort Street y la calle 20, se inauguró en 2009, se ha ido alargando progresivamente con el transcurso de los años hasta alcanzar la calle 34, y cubre una distancia de 2,3 kilómetros.

Mientras los recorres, podrás admirar los elementos vegetales, arquitectónicos y artísticos que embellecen esta estructura, y disfrutar al mismo tiempo de las vistas sobre el río Hudson y la ciudad; un paseo de película.

 

 

Me despido con una curiosidad: en los años noventa, al High Line venían dos tipos de personas. Sobre todo, neoyorquinos con espíritu aventurero, para pasar una tarde distinta e impresionar a las chicas en una línea de ferrocarril elevada, abandonada desde hacía décadas y que muy pocos conocían en Manhattan... Los otros visitantes eran los expertos en botánica.

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