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La colección del MoMA está siempre en continuo crecimiento y actualmente cuenta con casi 200.000 obras, repartidas a lo largo de sus seis plantas. Es recomendable empezar a visitarla desde arriba.

En la última planta, además de las exposiciones temporales, podrás admirar, a través de los amplios ventanales, el dinámico barrio de Midtown, como si se tratase de una atípica obra de arte contemporáneo.

En la quinta planta, entrarás de lleno en la primera de las dos partes de las exposiciones dedicadas a la escultura y la pintura, un paraíso terrenal propiamente dicho, decorado con obras maestras de Van Gogh, Monet, Picasso o Cézanne, por citar solo algunas. Por si esto no fuera suficiente, en la planta inferior encontrarás la segunda parte de esta sección, que alberga las maravillosas y originales creaciones pertenecientes al Pop Art y al realismo estadounidense, donde destacan los nombres de Warhol, Hopper, Pollock, Matisse y otros muchos.

En cambio, si eres un amante de la arquitectura, del diseño y de la fotografía, la tercera planta te parecerá un paraíso; la segunda hará las delicias de los apasionados del arte contemporáneo, de los libros ilustrados y de los medios audiovisuales.

Una vez en la primera planta, podrás tomarte un merecido descanso en el fascinante Sculpture Garden, del que te he hablado antes. Aquí, además de relajarte, podrás contemplar las esculturas expuestas.

De todas formas, debes saber que en el MoMA no todo es arte, o igual sí, si consideramos la gastronomía una de sus tantas expresiones. De hecho, en la quinta planta, hay una espléndida terraza panorámica donde podrás concederte un auténtico capricho en el famoso restaurante The Modern, poseedor de dos estrellas Michelin, que se asoma al Sculpture Garden. Es el mismo en el que Carrie, la protagonista de la famosa serie Sexo en Nueva York, daba a sus entusiastas amigas la noticia de su compromiso.

Curiosidad: ¿sabías que el MoMA fue el primer museo en dedicar, en 2014, una exposición temporal a los videojuegos? O mejor dicho, a los videojuegos vintage, lo que suscitó no poca polémica entre los puristas del arte.

La justificación para la realización de tal exposición se fundamentaba en la «simple» constatación de que Pac-Man, Tetris y compañía, con sus códigos informáticos, eran y seguían siendo brillantes ejemplos de diseño interactivo. No hace falta decir que la conservadora de la exposición, sin quererlo, se convirtió en el ídolo de niños de todas las edades.

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