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Autor: STEFANO ZUFFI E DAVIDE TORTORELLA
español Idioma: español

Como te decía, en el siglo XVIII el paisaje se convierte en la absoluta especialidad del arte inglés, gracias también a la larga estancia en Londres del mayor paisajista europeo de ese siglo: Canaletto.

Aquí, en la Tate Britain, puedes admirar las obras de uno de los pintores que supo retratar con más intensidad las maravillas de la campiña inglesa: John Constable. Fue uno de los primeros en trabajar casi siempre al aire libre, para recrear de primera mano los mil efectos de la luz en el paisaje: en la precisión del dibujo recuerda a los grandes paisajistas del siglo XVII, aunque su sensibilidad hacia los matices de la luz y la naturaleza lo convertirán también en favorito de los impresionistas.

Constable se esfuerza por pintar el mundo exactamente como aparece ante sus ojos, en una incesante búsqueda de la que él mismo definió como natural painting, es decir, pintura natural. Para ser más fiel, adopta un toque espontáneo y fresco en la aplicación del color, que acentúa la impresión de inmediatez. A diferencia de su coetáneo Turner, a Constable no le gusta viajar: se limita a recorrer a lo largo y a lo ancho la campiña inglesa, eligiendo algunos lugares especiales que no se cansa de retratar, en diferentes estaciones y a distintas horas del día. Sus cuadernos con bocetos y estudios de nubes en el cielo hacen pensar en las composiciones abstractas, mientras que su forma de representar la luz influenciará profundamente en otras escuelas europeas.

Entre los siglos XVIII y XIX los descubrimientos científicos y las innovaciones tecnológicas favorecen la revolución industrial, primero en Gran Bretaña y luego en toda Europa: aquí en la Tate Britain la encuentras reflejada sobre todo en los cuadros de Joseph Wright of Derby, que fue uno de los primeros en pintar fundiciones e instalaciones industriales.

Pero son también los años del Romanticismo, en los que la cultura literaria y artística inglesa explora las regiones del subconsciente: apariciones nocturnas, espíritus y fantasmas se convierten en presencias concretas y aterradoras. El máximo exponente de esta tendencia es el suizo Johann Heinrich Füssli, que en la segunda mitad del siglo XVIII se traslada a Londres y se impone como punto de referencia de la escena artística, al pintar macabras escenas de las tragedias de Shakespeare e incluso sus propias pesadillas.

 

CURIOSIDAD: Füssli era ambidiestro y escribía y dibujaba muy bien con ambas manos. Cuando era niño, su padre le leía los textos sagrados, que no le interesaban en absoluto, fingiendo que escuchaba mientras dibujaba a escondidas. Le gustaba definirse como "El pintor oficial del diablo".

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